FRAGMENTOS DEL DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE IRLANDA, MICHAEL HIGGINS, AL INAUGURAR LA CONFERENCIA MUNDIAL DE TEATRO DE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE ACTORES, FIA, EN DUBLÍN, EN JUNIO DEL 2015.

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Michael Daniel Higgins, actual Presidente de Irlanda

 EL ACTO se celebró en el célebre  LIBERTY HOUSE,  (*)  especie de sede central de sindicatos, que cuenta  con una sala de teatro,  edificio erigido en el centro de la ciudad capital en honor a los 16 activistas ejecutados por los británicos al llamar a la rebelión tras convocar una huelga general en 1916.

En varios de mis discursos recientes pronunciados en mi papel de presidente irlandés he intentado abordar el  tema de trabajo y cultura en cuestiones  que se comparten. En febrero de este año cuando pronunciaba la Conferencia  Edgard Phelan para la OIT y la Universidad  Nacional de Irlanda me concentré en el concepto de “ La Precariedad ”, un término de uso habitual en la actualidad para describir la situación contemporánea, en la que grandes extensiones de la población activa de los países europeos se encuentra atrapada en una seguridad laboral crónica.  Guy Standing, de la Universidad de Londres define a este grupo social en su libro EL PRECARIADO. UNA NUEVA CLASE PELIGROSA, como: una multitud de gente que vive en la inseguridad, vidas a trozos, entrando y saliendo de empleos de corta duración, sin que puedan llegar a tener una narrativa vital de desarrollo ocupacional…

Posteriormente, en mayo hablé para Aosdána,  una Asociación de destacados artistas de Irlanda de distintas disciplinas, que actúa como mecanismo de provisión de fondos para ayudar a nuestra comunidad creativa. En ese momento lo que más  me afectó era que el término precariedad era algo reconocible  para muchos artistas como la descripción  de la situación habitual y permanente  para muchos artistas intérpretes.

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Para los artistas intérpretes, los problemas que enfrentan se agudizan por la ausencia de políticas culturales articuladas con claridad, en las cuáles se respete y reconozca la importancia, independencia, y valor democrático del artista.

Los artistas, como todo el resto de nuestra sociedad, tienen derecho a condiciones de trabajo dignas y a tener claro que se reconoce y comprende su papel y su contribución a la sociedad.  Para poder entablar  un debate significativo  del lugar que ocupan las artes en la sociedad, como principio básico de partida, hay que descartar cualquier tipo de noción romántica  de que los artistas deben luchar con la pobreza, y que penuria e indigencia puedan servir como acciones liberadoras de la creación.

Debemos reconocer a los artistas como trabajadores involucrados en ocupaciones valiosas y productivas, trabajadores con derecho a acceder a la negociación colectiva, y que también tienen derecho a una jubilación  y a una protección social sensible que tenga en cuenta la naturaleza irregular de su trabajo.

Para proporcionar la protección necesaria y el apoyo a los actores como trabajadores se requiere un enfoque que consiga cubrir el ciclo total de la vida del artista. La actuación es una profesión con formas específicas aunque tenga variantes de formación. No incluye ninguna de esas bien definidas pautas de las carreras conducentes a promociones, aumentos salariales y, una creciente seguridad en el estilo de vida a medida que se avanza, que son cosas que se buscan o se disfrutan en muchas otras profesiones.

Sin embargo, su importancia democrática, como lo comprueba la propia historia de la democracia,  es inmensa, como lo es, también,  su capacidad de liberar creatividad en las vidas que compartimos todos. Es tan importante, que nosotros hemos decidido dar apoyo a los artistas en momentos de incapacidad y en la edad madura, así como intentar ayudarr a diseñar programas que sirvan para nutrir  a aquéllos que embarcan en sus nuevas carreras.

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Observando el programa sustantivo de estos temas que habéis propuesto para tratar en el curso de esta conferencia, reconozco la urgencia que se da a los asuntos de protección laboral y social, porque son asuntos centrales en cualquier consideración  conducente a conseguir el mejor apoyo para la esforzada labor artística.

Debemos ser inequívocos en reconocer que el espacio cultural es más amplio que el espacio económico creado por una economía de mercado, y resulta crucial que adoptemos medidas para lograr una comprensión pública de la importancia capital  del espacio cultural público. También es necesario admitir que esta comprensión no existe en la actualidad a nivel de la política europea. Si existiera tendríamos el reconocimiento de que en épocas de contracción económica se necesita más y no menos provisión de fondos públicos para el acceso a la cultura pública si no se quiere añadir un déficit cultural en términos de ciudadanía a la terrible experiencia del desempleo.

Aquellas empresas  que financian y administran el teatro también tienen la responsabilidad de crear un ambiente justo de inclusión que permita a sus miembros  florecer y hacer realidad sus posibilidades. Esta base de obligaciones empresariales puede resumirse como el deber de proveer un lugar de trabajo ético para los trabajadores. Bajo la Iniciativa Etica  presentada por esta presidencia  de Irlanda, se lleva a cabo un proceso de consultas que yo mismo he estado acogiendo durante el último año y medio, y el Congreso Irlandés de Sindicatos desarrolla un programa de actividades bajo la consigna de “Lugar de Trabajo Ético”. Trabajando con los sindicatos que integran el Congreso se recogen opiniones individuales de trabajadores, de organizaciones sindicales y representativas sobre cuáles son las condiciones esenciales de calidad que podrían ser consideradas éticas para el lugar de trabajo. Los músicos y actores sindicalizados en la rama de Equity (sindicato de artistas intérpretes) de SIPTU han participado activamente en este proceso – y por supuesto han regalado entretenimiento, el producto de su trabajo y de sus dones, en el acto de lanzamiento del programa presentado en este mismo edificio en el que nos encontramos, Liberty HOUSE. *

Los resultados de este proceso han demostrado que la preocupación de los trabajadores en cuanto a que sean tratados con justicia e imparcialidad, corre paralela a su profundo compromiso con  la justicia social  y una sociedad igualitaria.  Esto puede que no sorprenda a una audiencia como ésta, dado que, históricamente,  el sector cultural en general, y el teatro en particular, han estado a la vanguardia de la promoción de la tolerancia y en la lucha contra los prejuicios y la discriminación en la sociedad.

En las áreas de género, raza, discapacidad, y sexualidad, el teatro ha usado su formidable poderío emocional y político para romper estigmas y destruir formas heredadas de dominación y  opresión.  Echando una mirada al material de investigación que la FIA ha presentado en esta conferencia, tengo confianza en que continúe ese papel de liderazgo,  pero que también pueda extenderse en lo que respecta a la capacidad empresarial del sector, así como a su papel de abogado de causas sociales.

La igualdad y el respeto total por la diversidad en el teatro sigue siendo aún una aspiración,  pero con el liderazgo de organizaciones con la FIA , es una aspiración que creo puede llegar a cumplirse.

La relación entre el actor, como artista y trabajador, y la sociedad,  es algo profundo y multifacético. No hay ningún debate sobre el lugar y el propósito de las Artes que pueda completarse sin que se efectúe un examen de la profunda relación que existe entre todas las formas artísticas y la sociedad a la que responden o a la que aspiran. La labor del artista tiene un significado exploratorio tan importante como su propio papel de interpretación. Permitir y apoyar a nuestros artistas  y la protección de su propio espacio resulta esencial para la reacción y sostenimiento de una sociedad que funcione de verdad. La salud de su espacio cultural y de sus practicantes refleja la propia calidad de la sociedad  que los alberga.

Debemos reconocer que artistas e instituciones culturales irlandesas, junto con otros sectores de la vida en Irlanda,  han sufrido considerablemente durante un período en que se ha tenido que combatir con las consecuencias de una economía especulativa global, europea y también nacional,  las medidas de austeridad que se requerían como respuesta. El hecho de recortes del 40 %  en los presupuestos anuales de la mayoría de nuestras instituciones culturales, junto con la reducción de unos 16 millones  en  las ayudas financieras a artes, cultura y cinematografía, entre 2011 y 2014,  subrayan que  la vulnerabilidad de las artes es, demasiado a menudo, aceptada en nuestra sociedad  tanto en la conciencia del público, como en el discurso de los medios de comunicación.

En nuestra Europa muchos ciudadanos se han visto forzados a elegir no ya entre pan y rosas, sino entre la supervivencia y la propia vida social.  Siempre habrá que desafiar cualquier posición que considere que las artes son algo diferente, algo que tiene lugar en los límites de la sociedad, un extra opcional  cuya financiación tiene extremadamente bajos niveles de prioridad en tiempos de recesión económica.

Es lamentable que esta reducción  en la ayuda financiera haya tenido lugar a pesar de la evidencia abrumadora de los beneficios económicos que genera nuestro sector creativo, según fuentes totalmente independientes. La financiación de las artes  es considerada todavía, en algunos casos,  como cierta naturaleza de ayuda, de concesión, en lugar de lo que realmente significa,  una inversión en la infraestructura de la vida social, en su felicidad y cohesión.

El caso de valorar nuestros gastos públicos  y  las inversiones públicas no tiene respuesta, – su verdadero valor reside en lo que recibimos en retorno por esta inversión a todos los niveles. La profunda y valiosa contribución  de nuestros artistas a la sociedad jamás podrá resultar exagerada. A menudo, a través de nuestros encuentros con la literatura, el teatro,  y las artes  conseguimos entender mejor  la condición humana, haciendo que nuestras percepciones cambien, se aclaren, o se mejoren.

Es por obras de escritores como Sean O’Casey, Samuel Becket, John B. Keane, Hugo Leonard, Brian Friel, Marina Carr, Tom Murphy y tantos otros, y las interpretaciones de excelentes actores, incluyendo tantos amigos que veo aquí presentes, que prestan vida a esos textos en el teatro y el cine, que generaciones de públicos han podido seguir las preocupaciones  de nuestra nación, viendo, reflejando su propia sociedad, con su fealdad y su belleza, con sus sueños y sus creadas pesadillas que han conformado el presente y que darán forma a la Irlanda futura que deberíamos ser capaces de amasar entre todos.

Aún dentro del propio criterio mercantil ¿qué sector ha podido hacer más para realzar nuestra reputación nacional  o en qué otra esfera Irlanda puede reivindicar tener una tradición tan rica de líder indiscutible?  Los trabajos en el teatro son precisos pero más soportables que los de sectores comparables. En aquéllos países en donde se ha invertido en teatro, cine y televisión los dividendos económicos han resultado significativamente demostrativos.

No obstante, si vamos a reconocer el verdadero valor de nuestro sector artístico y cultural, debemos considerar que nuestra política cultural constituya una importante contribución a una parte esencial de nuestra infraestructura nacional, un espacio para la práctica y la imaginación nacional, que nos permita un mejor entendimiento de nosotros mismos.

Si el espacio cultural va a resultar realmente resistible,  debe ser un espacio en el que sean posibles varias formas de actividad creativa.  Debe reconocerse el papel vital que las artes y la cultura desempeñan en la creación de sociedades dinámicas, creativas y reflexivas y, una vez más, en ese contexto,  puede argumentarse que la provisión y enriquecimiento de los espacios creativos  pasa a ser aún más importante en tiempos de crisis y recuperación, cuando hay una imperante necesidad de un proceso nacional de revaluación y reflexión.

Creo que es esencial tener una política cultural nacional que reconozca el rol fundamental del acceso a la cultura de la sociedad, a la vez que respete la integridad y la independencia de la inspiración artística personal; y que contemple que cualquier debate significativo sobre la financiación pública de las artes debe estar basado en ese principio. Tendremos que reconocer que el acceso real significa más que la mera posibilidad de entrar a los espacios públicos de cultura; requiere tener acceso a la auto creatividad en interacción con los demás, a tener la capacidad de compartir, a ilustrar y emancipar a la vez que  ser ilustrados y emancipados.

El Informe del Comité de Cultura del Consejo de Europa de 1997 “In from the Margins” declaraba que “La cultura debe traerse al corazón de la administración pública”.  En lo que respecta al caso específico del teatro esta conferencia reconoce, asimismo, la necesidad de comprometerse y estar dispuesto a responder a una sociedad en constante evolución. Resulta apropiado que se analice, entonces,  el papel,  las perspectivas, y el lugar apropiado de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

La tarea de recapturar un espacio público cultural será esencial si pretendemos enfrentar los grandes desafíos a los que se enfrenta nuestra política internacional esta vez,  retos que no sólo requieren la mera respuesta de unos pocos o la que percibimos como hegemonía de la esfera político económica, sino de todos los ciudadanos de la esfera cultural. Los actuales desafíos globales tales como el maridaje entre ecología y desarrollo;  o cómo resolver las actuales injusticias del comercio y las deudas,  de la igualdad de género, – todos estos son temas en los que la comunidad artística ha ejercido su liderazgo una y otra vez  en el pasado, y estoy seguro seguirá haciéndolo en el futuro.

En muchas partes del mundo, aumentan los conflictos, la intolerancia, y el extremismo, a menudo, debido a una interpretación abusiva de los textos sagrados.  Compartir la comprensión de que la diversidad  y la naturaleza procesional de la cultura  es lo que permite que haya campos en las interacciones entre tradiciones puedan desarrollarse en paz y con respeto mutuo. La cultura puede ser un espacio de curación y a la vez de celebración, pero sólo puede desempeñar tal función si se la considera como algo central en democracia y ciudadanía,  y no como mera mercancía del superávit económico,  no como un paliativo sino como un componente vital que ayuda a la energía y a la emancipación del individuo y la sociedad.

La posición propia de la democracia se encuentra en la actualidad sometida a presiones.. Los parlamentos nacionales han cedido poder y funciones a incontrolables centros de dominación económica. Se han enfrentado con una creciente sensación de impotencia a ciertas formas de dominación tecnocráticamente  alienantes y a modelos de debilitación económica, que no rinden cuentas, y así el pueblo se ha visto desencantado en cuanto a su participaciónen la vida civil y se ha desilusionado con las instituciones políticas.

A nivel europeo en particular, a la vez que se señala el mucho “déficit democrático”  y la emergencia de la crisis económica, los líderes hablan a menudo de la necesidad de asumir un “recompromiso” con los pueblos de Europa.  Sin embargo, en este discurso, raramente se identifica o reconoce el papel del mosaico de las diferentes comprensiones de nuestra cultura, como fuente  de nuevas sendas de cooperación.

Es precisamente en el área de la cultura  donde seguramente se podrían conseguir avances productivos.- un área de la vida civil que disfruta de la confianza de los ciudadanos de Europa, un área también de actividad  económica y social que se mantiene pura y fuera de todos los fracasos institucionales que han perjudicado al Modelo Social Europeo en la última década. Si vamos a considerar las palabras de Jurgen Habermass  de que hay que “rescatar la esfera pública”, debemos tener en cuenta los ilimitados recursos que nos proporciona el espacio cultural.

Para poder hacer esto, mi opinión es que deberíamos revisitar útilmentela visión de Europa sobre la que se construyó el Consejo de Europa en la era inmediatamente posterior a la guerra, y que dio lugar con posterioridad a la fundación de la Unión Europea. La Europa concebida por Robet Schumann y otros consistía en que  las diferencias étnicas y de idiomas dieran lugar a un sentido de la alegría compartida y a un respeto con conocimiento del patrimonio cultural común.  El vínculo entre los pueblos de Europa y su cultura, el valor que se adjudica a esa cultura, y a las diferentes civilizaciones que han atravesado fronteras durante siglos, conformaban lo que concebía como el mortero que iba a unir los diferentes estados nacionales que antes  habían sido adversarios.

En tanto que el Consejo de Europa desarrolló importantes trabajos en esta área, la Unión Europea no ha sabido desarrollar una política cultural viable ni posible. Se ha hecho algún progreso en el área de la educación, pero es de lamentar que en  el área política de Bruselas exista cierta renuencia a conceder  una voz a la política cultural y a las instituciones artísticas en la mesa de negociaciones. Este principio de cooperación internacional basado en el respeto por la cultura  resulta de aplicación también a nivel global. UNESCO es una de las instituciones de las Naciones Unidas que ha sido  más descuidada y poco desarrollada, pero personalmente soy un convencido partidario de su potencial para contribuir a la solución de muchos de los grandes desafíos globales que he expuesto. Si se le otorga el papel central que le corresponde, la cultura puede proporcionar el  molino y la inspiración para  llegar a construir la comprensión  en nuestro mundo dividido.

Finalmente, quisiera regresar a la posición del artista individual,  del actor –intérprete. Es una de las tradiciones celtas más bellas, que en nuestro antiguo orden social se concedía una estima y un estatus especial a quien se denominaba en gaélico, FILE  (XX),  un término que  comprende el rol de un poeta, bardo, visionario, contador de cuentos, erudito y trovador. Como vosotros celebráis vuestra conferencia mundial aquí en Dublín, quiero deciros que Irlanda siempre manifiesta su más alta estima al acoger a nuestros actores artistas y a aquéllos que nos visitan del extranjero, y como Presidente de Irlanda, y en nombre del pueblo irlandés, me siento muy honrado en daros la bienvenida entre nosotros.

Guim gach rath ar bhur gcomhdháil tábachtach

(Os deseo lo mejor para esta importante conferencia)

 Muchas gracias

 

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